Gastritis: Cuando la vida te quita el bocado a punto de saborear

31 / 10 / 2019 | General

GASTRITIS

CUANDO LA VIDA TE QUITA EL BOCADO A PUNTO DE SABOREAR

 

La gastritis es un fenómeno psicosomático cada vez más frecuente en la población mundial. Los gastroenterólogos están cada vez más convencidos de que el factor emocional y el estrés cronificado tienen tanta incidencia,  que los servicios especializados cuentan siempre con un equipo de salud mental.

La Bioneuroemoción® es una disciplina que ha demostrado científicamente (hay estudios en hospitales en Cuba que documentan con casos y estadísticas los efectos de este método de consulta) que estos problemas pueden ser solucionados con un buen tratamiento médico complementado con este método de consulta.

Los causantes emocionales varían de una persona a otra. No todas las gastritis tienen detrás la historia que voy a contar. Ésta es una historia de éxito para el paciente, y por ende, de celebración para él, su familia, y por supuesto para mí.

 

JUAN: NO ES LO QUE TE PASA, SI NO QUÉ HACES CON ELLO

Juan es un hombre de unos 30 años. Oriundo de Bolivia, albañil, venido a la Argentina con su esposa, donde han formado una hermosa familia, con una niña y un niño. Su mujer es costurera. Ambos trabajan mucho, todo lo que les da el cuerpo y el alma, para que sus hijos tengan una mejor educación, y puedan ascender socialmente. Viven en un humilde barrio de la Gran Ciudad. Su aparente parsimonia puneña no les ahorra el estrés de la Capital. Sus corazones laten _igual que el de todos sus vecinos_ al ritmo de los ómnibus que van y vienen, y parecen entrecruzarse entre gente que sube, baja, se cruza y esquivan, mil automóviles con mil personas _uno en cada vehículo, el resto vacío_ y transeúntes que corren, porque si no lo hicieran, los que vienen atrás los llevarían puestos. Ufff! Ya me agito de sólo contarlo?

 

Lo cierto es que Juan me viene a ver, a sus 30 años, cansado de llevar consigo esta gastritis que lo desespera. En el hospital le indicaron hacer psicoterapia.  Juan sabe que yo soy psicóloga, y que dado que lo atenderé en el ámbito privado, no tendrá que esperar 6 meses más para cumplir la orden médica.

Juan nunca había ido a un psicólogo. ¡Afortunadamente! No sabía de las elaboradas interpretaciones típicas de nosotros, los argentinos, pueblo tan psicoanalizado como enroscado y problematizado? No tenía idea de qué venía a hacer? creyó que debía venir todas las semanas, y hablar de lo que le pasaba.

Le explico el método rápidamente, y nos ponemos a trabajar?

 

LA HISTORIA DETRÁS DEL SÍNTOMA

Juan padece la gastritis desde los 14 años. Lleva 16 años de idas y venidas con este padecimiento. Viajemos en el túnel del tiempo?

Con 14, vive en el campo junto a sus padres. Ellos trabajan duro la tierra, para que sus cinco hijos tengan _además de comida_ una formación profesional que les permita aspirar a más. Nuestro héroe es el mayor de la fratría, y ya está estudiando en una escuela técnica. Su primer deseo es graduarse como Maestro Mayor de Obras. Así, podrá dedicarse a la construcción. Con su padre ya habían hecho la casa familiar, en un terreno dentro del campo, y _tal vez por el amor con que su padre lo trataba, tal vez por la valoración de la familia_ había abrazado la construcción como una vocación. Pero eso no era todo: mamá y papá tenían ese norte, que sus hijos avanzaran, y Juan lo mamó desde su nacimiento. Sabía lo que quería: ser arquitecto, y cada paso, cada hoja de sus carpetas, cada entrega en la escuela técnica, eran para él un paso más hacia su meta. Así se lo habían enseñado: paso a paso, se llega. El lo había visto, nadie se lo había contado.

Un día, Juan vuelve de la escuela, y ni su padre ni su madre están ahí. Una tía que vive en el pueblo más cercano, está cuidando de los menores. Horror! Papá tuvo un accidente! El tractor hizo una mala maniobra, volcó, y su pierna quedó aplastada?

Tantas ideas pasaron en ese instante por su mente? Mil películas con mil posibilidades? Trataba de elegir la mejor de todas para no desesperar? al fin y al cabo, era el hermano mayor, y debía mostrarse fuerte frente a los demás.

Consiguió la dirección del hospital. Entre pasillos, pabellones, indicadores y personas que lo guiaron? llegó al área de cuidados intensivos. Su familia era humilde, y del campo. Terreno fértil para lo que fuera. Felizmente se podía operar. Operaron a su padre, y luego de una noche sin dormir, todo parecía bien? (mucho después, en 2017, en un hospital de Argentina, le mostrarían en una ecografía abdominal que le habían quitado un riñón en aquella operación. ¡Vaya bocado que le quitaron!).

Como vengo diciendo, todo parecía bien, salvo un detalle. En una reunión de familia, en esas que se hacen para tomar decisiones importantes, Juan se anoticia de lo peor para su futuro : su padre ya no podría trabajar en el campo.  Alguien debía hacerse cargo. La madre sola no llegaba a cubrir la tarea, y contratar un peón no era la opción. Nuestro héroe no lo duda, deja todo en ese mismo instante, y nunca vuelve a la escuela.

Juan se jura a sí mismo que con uno ya es suficiente, y que a sus hermanos no les va a pasar lo que a él. Nunca _mientras vive con su familia_ permite que sus hermanos compartan esa carga. ?Que vayan ellos a estudiar, por lo menos que los otros progresen?. El estómago le arde, los jugos gástricos intentan digerir lo indigerible. Se retuerce de los dolores, pero Juan continúa con ahínco su labor.

Un día, conoce a Leticia, se enamoran, se casan. Les habían dicho que en Argentina podían estar mejor: ella sabe coser, él nunca había olvidado su talento para la construcción. Emprenden la aventura. Ya tiene 19 años. Pronto llegan los niños. Juan está un poco mejor, parece que ejercer algo de su vocación lo alivia. Pero cada vez que viene el jefe, algo le recuerda que él también había soñado con esto. Su admiración por los arquitectos para los que trabajaba a veces se volvía envidia. Sabemos la diferencia: en la primera, creemos que nosotros también llegaremos ahí; en la segunda, la certeza es que nunca podremos.

Llevado por la admiración, una vez radicado en Argentina, y ya con sus dos hijos en el jardín de infantes, pudo estudiar lo que le quedaba de la secundaria. Eso lo ayudó a escalar en su trabajo: ahora también tomaba pequeñas construcciones a cargo. Pero su objetivo _el de su adolescencia_ era un bocado perdido.

 

UN DARSE CUENTA, Y LA SANACIÓN

Juan, metido en esta historia, reviviéndola y resintiéndola, pudo encontrarse con su ira, imposible de sentir y expresar en la situación límite. Comprendió, supo que ya había pasado. Y tomó para sí mismo con la misma responsabilidad con la que recibía la medicación, la frase ?No se trata de lo que te pase, sino de lo que haces con ello?

Juan se sanó. Pero no por sus darse cuenta. No por resentir lo no sentido solamente.

De la sesión, gracias a su simpleza, se desprendió esa frase, y de ahí, cayó como fruto maduro una acción: con el secundario finalizado, con hijos ya mas grandecitos, con una esposa que trabajaba a la par, dio el paso. ¡Se inscribió en la Universidad! Cuando lo supe, le di el alta.

Dadas las creencias de nuestro héroe acerca de lo que era un tratamiento psicológico, no dudé en darle a su espíritu sugestionable un par de sesiones más.  Gracias a ello supe lo de su inscripción. ¡Cómo celebré eso!

Tiempo después me llamó para contarme que venía aprobando bien las materias del ingreso. Hasta aquí, la historia. No sabemos si Juan terminó o no su carrera. No importa. Logró ingresar a la Universidad. Logró cruzar ese umbral que sus padres no habían podido cruzar. Fue un paso más allá.

Ayer, la esposa de Juan vino a verme para tomar una sesión por otro tema. Le pregunté por él: sigue bien, dos años después, sin síntomas.

 

REFLEXIONES FINALES

Como vimos en este ejemplo, todo aquello que llamamos síntoma o enfermedad no es una disfunción o mal funcionamiento, sino una adaptación de nuestra biología ante un conflicto o problema. En el caso citado, el sistema digestivo se adapta segregando jugos gástricos excesivos cuando hay alimento o cuando hay algo que le vuelve a recordar ese trago amargo que un día tuvo que tragar, y que significó que su ?bocado de progreso? no llegaría.

Sentir lo no sentido entonces inició la sanación, pero eso no es suficiente. La rapidez de la remisión del síntoma _creo_ es proporcional a la simpleza (que es sinónimo de inteligencia en estos casos). También es importante tener en cuenta las creencias acerca de la enfermedad y de los tratamientos, para ayudar a una cura definitiva. En esta viñeta vimos cómo la palabra de los médicos hablando de la necesidad de una terapia, y la idea del paciente en cuanto a su significado, hicieron necesarias unas ?sesiones? para que él hablara de sus cosas, y ?contara?, incluso sus decisiones tan alentadoras.

La acción que se desprende de la experiencia en la consulta termina de colaborar y le da el broche de oro al trayecto en la etapa de recuperación.

La Bioneuroemoción ® se transforma así en un muy buen medio para trabajar con pacientes psicosomáticos, aunque también se aplique a otras áreas de la vida.

 

 

Lic. Sara Levy (MN 37156) Psicóloga. Gestaltista. Facilitadora en CMR memoria celular. Consteladora Familiar y Estructural. Especialista y Acompañante en Bioneuroemoción (Enric Corbera Institute de España y Universidad Torreón de México). Terapeuta Floral. Practitionner en Barras de Access Consciousness.

Turnos para Bioneuroemoción en www.webturno.com.ar/gestalt  (registrarse y reservar 2 horas seguidas)

 

 

 

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