FIBROMIALGIA: Renunciar a tus sueños no es una opción

15 / 09 / 2019 | General
FIBROMIALGIA: Renunciar a tus sueños no es una opción

Fibromialgia: Renunciar a tus sueños no es una opción

Lic. Sara Levy[i]

 

A veces porque sobrevino un terremoto _vitual o real_ lo dejé a un lado. A veces porque formé una familia y fue prioridad en un momento, después creí que ya era tarde. A veces porque descubrí mi propósito al jubilarme y pensé ?a mi edad?? A veces porque es trabajoso, caro, imposible, porque mi marido, porque mi esposa, porque hay que cuidar a nietos, padres, hijos, tíos?

¿Todo es posible cuando de abandonar lo que amas se trata? ¿Y crees que no es posible cuando hablamos de seguir tus sueños?

Una historia? mil historias

Hablemos de una hipotética mujer. Celia, una mujer que ya es abuela? y fue artista. Celia podría ser cualquiera de nosotros. En su niñez y su juventud, amaba ese arte. Incluso sus padres, inmigrantes que con esfuerzo habían logrado una humilde vivienda, y una vida ?con lo justo?, le habían dado su bendición y apoyo. Celia acudía todas las semanas a sus clases. Llegó a escalar posiciones en ese arte, calificando para figurar entre los mejores de su quehacer.

Cuando tuvo suficiente edad para formar una familia, ya enamorada, se unió a Dante. Tal vez por sus creencias, tal vez porque su amado también era de origen humilde, iniciaron vida juntos y siempre vivieron muy ajustados. La falta de dinero ya no era un simple punto de vista, era una certeza comprobada día a día, año tras año, hasta llegar a convertirse en  un destino. Ninguna afirmación en sentido contrario podía hacer que cambiara de idea. Para ella, nunca sería posible acceder a esas cosas que sólo el dinero podía pagar, según su modo de ver.

Celia crió hermosamente a sus cuatro hijos. Durante un tiempo hizo presentaciones en la escuela de los niños, pero los padres no valoraban la calidad de su arte. Al fin y al cabo, era la madre de Belén, o de Lucas, o de María o de Juan. Los problemas económicos, el cansancio por hacerse cargo de la casa, fueron ganándole a la vocación, y el diablo logró metérsele en el corazón con su mejor herramienta: el desaliento.

Así, Celia parecía ir  olvidándose de su arte. Tomó un trabajo de tiempo completo, y se dedicó a cansarse durante la semana, y descansar los fines de semana. Y en el tiempo que le quedaba, compartía con su familia, a quienes amaba y  la amaban.

Hay cuentas que antes no eran cuentas. Son deudas, y se pagan? caras.

Ya al nacer uno de sus hijos le habían quedado unos dolores en el cuerpo. _ ?Será que este hijo es tan grande que alzarlo me dejó mal? pensaba Celia. El niño creció tanto como los dolores de su madre. Consultas, análisis clínicos, medicación? nada. Nada es ninguna mejoría. Nada es ninguna respuesta. Nada es ningún diagnóstico. Nada, sin respuesta de los facultativos. Nada, empieza a ser desesperación. Entonces surge algún médico que le receta algo potente como para calmar lo incalmable. Todo se silencia? un tiempo?

Ahora, además de terminar con su vocación, había logrado dejar a un lado esta dolencia. ?¡Bien, Celia!? _se decía.

Un día, sus brazos, su mandíbula, su lengua empiezan a expresarse con la furia de un dolor incendiario. Las sensaciones que iban, venían, pasaban de un lugar a otro, eran difíciles de explicar. ?Bien, Celia! Vamos por más represión!?.

Otra vez la misma recorrida. Años deambulando. Hasta que llega a mí. Entre la decepción y la esperanza, se entrega: ?_¡hacé lo que sea!? _ dice

Decido practicar técnicas energéticas. Luego de una sesión con más preguntas de su parte que de la mía, donde activamos la energía de su cuerpo con Barras de Access Consciousness®, le pregunto:

_?Hay alguna frustración importante en tu vida??

_?M?hmmmm? no?

(Durante la aplicación de las Barras, al tocar su cabeza, los puntos se encendían muy bien, a pesar de la medicación psiquiátrica que recibía, y yo percibía unas molestias en la lengua, notorias incluso luego de bajar mis barreras)

_?¿A qué te dedicas??

_?Trabajo en un pequeño negocio de comidas. De todo un poco: ayudo en la cocina principalmente, luego recibo la mercadería, acomodo? es muy cansador. De lunes a viernes, por suerte?

 _ ?¿Estudiaste de chica??

_?Si!!! Además de la escuela, siempre me gustó el arte, hice comedia musical. En esa época era nuevo. Recién empezaban ese tipo de estudios aquí, en Argentina?.

_?¿Y nunca más lo hiciste??

_ Bueno, no?

_? de nuevo ¿cuál es tu frustración??

_? Ah? si?. Es cierto? si hay algo pendiente es retomar la actuación y el canto? pero para eso se necesita plata? y yo?eso no lo tengo?? (ahí comienza a ceder mi molestia en la lengua, resonancia de la escucha profunda, más que significativa)

El diálogo continuó. Celia se enteró, por mi intermedio, que el mundo estaba llorando la pérdida de su arte. Porque si Celia no actúa ni canta, ¿quién hace su parte? Cada vez creo más que cada uno de nosotros tiene una responsabilidad en el planeta, y no hay reemplazante hasta que nos jubilamos y pasamos a otro plano. Con cada una de las Celias que acude a mi consulta, me resuena el llanto del mundo por la falta que le hace su aporte. Su dolor físico es su dolor por la frustración, pero es también el dolor del mundo entero porque ella no le da lo que tiene para aportar. Su dolor es esa energía estancada, esa voz que no sale (dolor en las mandíbulas), ese canto que al no cantar, grita de dolor para ser escuchado. Esas manos que duelen, al retener la energía del talento, de la actuación en el escenario, de la expresión que queda muda e inmóvil?

 

Fibromialgia? ¿será también uno de los nombres de la frustración?

Todos tenemos nuestra contribución a este mundo. Va mi experiencia personal.

Cuando salí de la escuela secundaria, ya había decidido mi carrera. O bien, creí que había decidido mi trabajo para toda la vida. _ ?Un profesorado es una linda carrera para una mujer?_ había dicho mi madre. Y yo, que ya estudiaba en el mismo instituto donde se seguía el profesorado, con el promedio en francés que me habilitaba, entré sin exámenes de ingreso.

Jamás se me hubiera ocurrido en aquel entonces seguir la carrera que hoy ejerzo. Los psicólogos, en el imaginario familiar, eran todos chiflados, raros, o cuanto menos, opuestos a la armonía familiar. Luego me casé al mismo tiempo de recibirme de profesora.

La familia pasó a tener la mayor importancia, y toda mi dedicación. Y me encantaba, aunque siempre sentí viva esa llamita que ardía en mi Ser. Yo quería trabajar. Quería auto sustentarme. Odiaba pedir dinero a mi esposo. Busqué mucho, hasta que conocí la Gestalt, en una formación abierta a los docentes, pero superpoblada de psicólogos y médicos. Todos hablaban de pacientes, menos otra chica y yo, únicas docentes en el grupo. Un día, escribí en mi primer cuaderno de Gestalt: ?no sé qué hago en este grupo. Todo es interesante, pero? yo no tengo pacientes! Tengo (o quiero tener) alumnos!? ?Creo que este no es mi lugar??

Felizmente, un día me dejé olvidado el cuaderno en el centro donde me formaba. La dierctora de la formación, la Lic. Kita Cá (Honro su paso por mi vida), nos había advertido que le gustaba leer nuestros cuadernos, porque así sabía por donde andábamos. Felizmente lo leyó. Y no hizo ninguna interpretación. Me alentó a que continuara, y esperó pacientemente el momento justo.

En paralelo a la formación, inicié la terapia Gestalt en grupo. La  misma directora era mi terapeuta. Cuando finalizó el año de terapia, su devolución fue la llave que abrió las puertas para mi camino vocacional. ?Sara, siempre vas a hacer terapia? porque vas a ser psicóloga? y no pienses que vas a ser una más de tantos en Buenos Aires? vas a trabajar conmigo? _dijo entre otras cosas, ante mi mirada resistente e incrédula.

Aquella  afirmación fue como una sentencia: luego me dijo que no podía oponerme. Eso ya estaba allí. Es una energía que me habitó desde siempre. Fue tan categórico su decir, y tan verdadero para mi Ser, que emprendí la búsqueda, y desde allí hasta hoy, 20 años después, nada pudo oponerse a mi destino: ni la falta de dinero (han pasado varias crisis económicas en el país desde entonces), ni la mirada a veces expectante, otras dudosas de la familia, ni los vaivenes económicos de la Argentina, ni las desilusiones con colegas, amigos, etc.

Incluso a la hora de invertir en la formación, aún en épocas de vacas flacas, siempre tuve en cuenta que la actualización vale, cuesta, y es menester invertir en ella. Y lo bueno muchas veces hay que pagarlo más. Y me alegro de hacerlo, pues me vuelve multiplicado, y muchas personas se benefician de mis avances.

Cada vez que veo una Celia en mi camino, le cuento que tuve la dicha de contar primero con una maestra que me impulsó a iniciar carrera; luego con un esposo que me apoyó pese a que esto no estaba en su guión de vida ni en nuestro contrato implícito de convivencia; y después con un padre que _ cuando nos quedamos sin un peso _ me ayudó a finalizar mis estudios proveyendo lo que yo misma hubiera tenido que conseguir trabajando, y dejando en consecuencia los estudios. Y le cuento también, que todo eso no es por suerte. Tuve esa dicha porque el camino tenía certeza, estaba allí para que lo transitara, y mi maestra me lo mostró. Y tuve esa maestra porque seguí paso a paso lo que mi ser me iba mostrando.

 

Reflexiones hasta aquí

Por lo que vemos hasta aquí, el precio de la frustración es carísimo. Lo pagamos con dolor. El cuerpo sabe gritar donde más nos duele: en la zona afectada (no siempre es fibromialgia, otras veces hay lesiones en músculos, en huesos, se afecta mayormente el sistema musculoesquelético).

Si estás pasando por uno de esos momentos, es necesario que te preguntes ¿Cuál es mi contribución al mundo? ¿Qué está llorando el mundo, que me muestra a través de este dolor? ¿a causa de qué contribución  que no le estoy aportando duela el mundo y duele el cuerpo? ¿Qué es esto?

Deja que la respuesta te venga desde el Universo. Ya deja de interpretar. Sigue ese dolor como una pista. Si no te permites dar los pasos necesarios; si estás poniendo excusas? consulta para cambiar las creencias y puntos de vista que te impiden dar ese pequeño paso hacia tu completa realización. Puedes vivirlo con total facilidad, placer y abundancia.

 

[i] Lic. Sara Levy, Psicóloga (MN 37156). Profesora Nacional en Francés para enseñanza primaria y media.

Master en Gestalt (Fundación para la Salud Mental Prof. Dr. Jaime Smolovich). Consteladora Familiar y Estructural con enfoque de Psicogenealogía y Transgeneracional (IPPT Mabel Meschiany). Técnica en liberación de la memoria celular (CMR Luis Diaz). Psicóloga Especialista en Bioneuroemoción® y Acompañante en Bioneuroemoción® (Enric Corbera Institute ? Universidad Torreón de Mexico). Terapeuta Floral (Instituto Viyadananda). Practicante de Barras de Access Consciousness®.

Atiende adultos, familias, parejas y grupos integrando los diferentes enfoques. Brinda supervisión y asesoramiento a terapeutas del nuevo paradigma. Co-conduce el programa de Radio Onda Cuántica en FM Mantra, todos los jueves de 13 a 14 hs Argentina.

mail: gestaltymemoriacelular@gmail.com

Pag web: www.sara-levy.com

Tel: +54 9 11 68752792

Facebook: Espacio de Gestalt Belgrano

(Se permite la difusión de este artículo mencionando la autora y sus datos)

 

 

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